¡¡Dale Campeón!!

La 1era División de Fútbol obtuvo el título después de ocho años. Una alegría inmensa en un equipo plagado de pibes del club.

Ocho años hubo que esperar. En el medio dos finales con derrota, jugadores que se van y jugadores que vienen, los estudios como trampolín para el futuro pero como barrera para que Social arme el mejor equipo posible con su riquísima cantera, llena de valores que se consagraron en Inferiores pero que de grandes todo se les hace más difícil. El Semillero como premisa de equipo porque el amor y el sentido de pertenencia están por encima de todo, aunque esa política atente contra la cantidad de trofeos en las vitrinas. Jugamos con lo que tenemos, sin cerrarle las puertas a nadie pero sin olvidar que el escudo es lo que más cuenta.

Estaba todo dado para que no se escapara: tres goles de ventaja y una hinchada inmensa acompañando. Pero si todo cuesta siempre, ¿cómo no se iba a sufrir? Social no jugó bien pero tampoco mereció perder por los tres goles que lo llevaron a definir su suerte a los penales. Tanta espera, tantos jugadores que la vienen peleando y otra vez a agarrarse la cabeza. Pero el Celeste estuvo a la altura, con un “Chila” Armendi que como en Semifinales volvió a ser héroe tapando dos, y también con mucho temple a la hora de patear. Pero ni siquiera eso fue fácil, porque después de que Social supo ponerse en ventaja en la serie de penales, Ferro logró empatarla y hasta estar un gol arriba con un penal pateado de más. Un detalle: de los cinco que patearon en Social (Nico Paiz, Marcos Coria, Santiago Peñoñori Gaona, Renzo Outón y Federico Roncoroni), sólo uno supera los 25 años.

El penal definitorio lo metió el “Chino” Roncoroni, el histórico goleador que tanto la peleó. Marcó el doblete de la ida, le taparon un mano a mano que hubiera cambiado la historia en la vuelta, pero se llevó el merecido premio de anotar el penal de la consagración, con un derechazo esquinado y seguro. Llegó el delirio de todos, el desahogo: abrazos entre los jugadores y el cuerpo técnico con Guille Paiz como cabeza de un grupazo, y la locura de La 30 que cantó durante, por lo menos, dos horas sin parar.

Hoy nos tocó ganar, se disfruta muchísimo, pero lo importante es seguir creciendo con nuestros valores: jugadores que quieran al club, que peleen por él hayan nacido o no en nuestra cantera, y un compromiso permanente a pesar de las dificultades. Lo que ganamos es el motivo perfecto para festejar lo que somos, lo que ya éramos y lo que estamos orgullosos de ser. ¡Aguante Social! 

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